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En una consulta terapéutica sobre parejas el psicólogo le pregunta al marido, ¿con qué frecuencia practican relaciones sexuales? Bufff…poquísimo como 3 veces a la semana - dice el marido. Cuando pregunta a la mujer, ésta responde, demasiadas veces hasta 3 veces por semana. Según la apetencia sexual y la frecuencia del acto se puede ubicar uno en distintos puestos del ranking que pueden variar ante determinados factores circunstanciales.

  • Sexoadictos. Los sexoadictos construyen la vida en torno al sexo, es el centro de su vida. Su obsesión por la sexualidad afecta a su entramado social, familiar y laboral no permitiéndoles tener una vida regular o bajo muchos remordimientos por actos provocados por su obsesión como la infidelidad continuada o la evitación del compromiso a largo plazo. Es una compulsión, se trata de una adicción más como la droga o el alcohol. Se suele asociar a la cocaína. Su origen pocas veces es hormonal y no se debe a una sobreproducción de testosterona.
  • Hipersexuales. Son personas que tienen ganas en todo momento, desearían hacer el amor al menos una vez al día. La masturbación es el hábito más frecuente que puede sucederse hasta varias veces al día. Es considerado necesario y aliviante. Sustituye a conceptos antiguos como la ninfomanía para la mujer o la satiriasis para el hombre. El 6% de la población masculina lo tiene y sólo 2% de la población femenina puede presentar la sintomatología.
  • Sexualidad Media. Se encuentran la mayoría de personas, es la tendencia central. El hábito sexualidad cuando se da la posibilidad se produce entre 1 o 2 veces a la semana.
  • Hiposexuados. Tienen una orientación sexual (homosexualidad, heterosexualidad o bisexualidad) pero no tienen mucho deseo y a veces lo encuentran aburrido. Mantienen relaciones sexuales con una media de muchos meses o incluso años de separación. Se masturban muy poco y su origen puede ser orgánico, psicológico o cultura.
  • Asexuales. No sienten deseo ni tiene definida atracción sexual hacia determinado tipo de personas. No mantienen relaciones sexuales o lo hacen de forma muy poco ocasional.




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AUTOR: Paula Martínez
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Los sexólogos suelen dividir el ciclo de las relaciones sexuales en cinco fases, que varían en intensidad y duración según los sujetos y las circunstancias. La primera es el Deseo, fase de carácter subjetivo y psicológico.

El deseo sexual se refiere al grado de motivación que las personas sienten para iniciar un acercamiento sexual. Consiste en tener fantasías sobre actividad sexual y en las ganas de tener actividad sexual. Tiene que ver con los estímulos sexuales efectivos, tanto psicológicos, como la presencia o pensamiento del objeto amado, como fisiológicos, como los abrazos o los besos, o una combinación de ambos. Posterior a esta fase, se encuentran la Excitación, la Meseta, el Orgasmo y por último la Resolución.

Este ciclo saludable de respuesta sexual ha sido descrito por Master y Johnson. Ellos plantean que en el momento que hay disfunción en la fase inicial del Deseo, el umbral de respuesta sexual se eleva mostrándose una Apatía Sexual.

Esta apatía puede ser Primaria, en el momento que el sujeto la presenta desde el inicio de sus relaciones sexuales, o Secundaria, en el momento que se presenta después de un período de funcionamiento normal, largo y satisfactorio. En muchos casos es Selectiva, es decir que sólo existe con una pareja determinada -la permanente- y no con otras parejas, y en ocasiones es General, en el momento que aparece siempre.

La Organización Mundial de la Salud, la incluye en la décima edición de la Clasificación Internacional de las Enfermedades, dentro de las disfunciones sexuales “No orgánicas” llamándola “Ausencia o Pérdida del Deseo Sexual”, y los exigencias para diagnosticarla son la disminución de la búsqueda de estímulos de contenido sexual o de pensamientos sexuales acompañados de sentimientos de deseo y de apetito sexual, o de fantasías sexuales, falta de interés en iniciar actividades sexuales, ya sea con una pareja o mediante masturbación solitaria, con una frecuencia claramente menor de lo esperado por la edad y el contexto correspondiente, o claramente inferior a etapas anteriores del paciente.

Para realizar el diagnóstico de Ausencia del Deseo Sexual, éste debe ser el conflicto principal que presente la persona y no -por ejemplo- una depresión dentro de la cual hay disminución de todas las áreas vitales en el paciente, como sueño, falta de apetito para comer o disminución del deseo sexual.

Es importante realizar notar que la ausencia del deseo sexual no excluye la posibilidad de placer o la excitación, sin embargo hace menos probable que el sujeto emprenda alguna actividad sexual. En este sentido, muchos autores lo denominan Trastorno Hipoactivo del Deseo Sexual.

El diagnóstico no debe realizarse  en el momento que el desgano sexual es debido a la toma de medicamentos o alguna etiología orgánica, como una enfermedad física.




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AUTOR: Paula Martínez
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