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23 Diciembre
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La mayoría del vocabulario erótico que utilizamos está integrado por eufemismos que nacieron para burlar la censura. Pero emplear palabras vulgares o ‘fuertes’, luego como inventarse nombres para los genitales u otras partes del cuerpo, ayuda a fortalecer la confianza en la pareja y a desarrollar más divertidas y excitantes las relaciones.

“El hecho de que el hombre descubriese su capacidad para nombrar las cosas obligó a hacer una lengua secreta, pícara y festiva para referir aquello que no debía ser mencionado. Uno de esos ‘aquellos’ conflictivos en las sociedades occidentales y cristianas ha sido y es el sexo”, comenta el escritor Antonio Tello en su libro Gran diccionario erótico de voces de España e Hispanoamérica.

En este sentido, la lengua castellana generó un amplísimo número de acepciones sexuales a partir de voces y locuciones aparentemente inocuas o creó otras consideradas como equívocos -por ejemplo, carajo podía ser un palo o el pene- o malsonancias, según el criterio social y religioso del momento. De hecho, la mayoría de los términos que se emplean en el lenguaje popular son eufemismos. Es el caso de la palabra bacalao -alude al olor de los genitales- o chona -designa la vulva-. “Esto se desarrolló con la intención de burlar la censura, debido a que en Occidente, por influencia de la religión judeocristiana, la represión ha sido fuerte y el sexo siempre se ha considerado tabú, por comprenderse como un acto pecaminoso. de ahí que gusta tanto el uso de palabras procaces, puesto que satisface en cierta forma las ansias de subversión y transgresión”, explica Antonio Tello.

Y tú, ¿qué nacionalidad prefieres?

El uso de gentilicios, que nacen puesto que la conducta a la que aluden se practicaba con frecuencia en ese país, es común en el sexo. A pesar de que, a veces, se emplean como burla.

* Ruso: Masaje del ano
* Turco: La mujer, con las manos atadas, espera a dar placer o recibirlo
* Árabe: El hombre está boca arriba y la mujer le ‘cabalga’
* Florentino: La mujer sujeta el pene con la piel hacia atrás
* Sajón: La mujer presiona la base del pene con el fin de retrasar la eyaculación
* Japonés: Coito en el suelo o sobre almohadas, con numerosas posiciones en cuclillas
* Sueco: Sexo en grupo
* Napolitano: Homosexual
* Cubana: Masturbación con el pene entre los pechos
* Tailandés: Masaje realizado con los senos por todo el cuerpo
* Francés: Sexo oral, llamado luego por la supuesta habilidad de las galas para la felación
* Griego: Coito anal

Carácter pícaro y festivo

La palabra ‘griego’ para designar al coito anal se debe a que era una práctica frecuente entre hombres en la Grecia clásica. Los portugueses usan la expresión ‘contar azulejos’ para la masturbación.

Y, precisamente, gracias a esto el repertorio de términos vinculados con el sexo se ha ido enriqueciendo cada vez más hasta el punto de que podríamos dialogar de un lenguaje pseudoliterario, dada la gran cantidad de figuras que se emplean. Las más abundantes son las metáforas formales -por ejemplo, llamar a los testículos borlas puesto que penden como éstas y además se asemejan- y funcionales -al pene se le denomina ballesta, puesto que se arma y dispara como ella-. Además son frecuentes las formas onomatopéyicas, como ñaca-ñaca, para referirse al coito. E incluso existen anglicismos que hemos castellanizado, como verter un quiqui -viene de quickly, que significa rápido en inglés- para referirnos a un coito rápido u ocasional, o foqui-foqui -procede del verbo fuck (follar)-.

No obstante, a esta riqueza además ha contribuido el carácter festivo y pícaro de nuestra cultura. “La civilización latina siempre ha ensalzado el goce y, como la fuerza de eros es muy hacetiva, en nuestro país muchos términos se han inventado con un fin lúdico, como motivo de divertimento y cortardía”, cuenta Antonio Tello.

Cultura genitalizada

En todo caso, aunque el campo de la actividad sexual es muy amplio, el vocabulario gira, sobre todo, en torno al pene, la vulva, los testículos, el coito, la homosexualidad, la virginidad, la prostitución y el adulterio. En opinión de Antonio Tello, esto se debe fundamentalmente a dos motivos: “por una parte, los cuatro primeros términos son elementos que nuestra cultura -excesivamente genitalizada- considera básicos en el sexo. En cuanto a las demás acepciones aluden a aspectos a los que el Cristianismo ha dado mucha trascendencia y sobre los que ha dictado normas restrictivas”.

Tampoco hay que olvidar que, según el antropólogo José Dueso, “en nuestro idioma abunda lo soez, lo peyorativo y lo denigratorio, especialmente en lo que se refiere a los genitales femeninos, en comparación con los masculinos. La razón estriba en que han sido los varones los que han inventado la mayoría de los términos. El machismo -apoyado por los poderes sociales- y la mayor permisividad sexual del hombre han hecho el resto”, añade.

Además, el hecho de que mientras bastante tiempo en determinados círculos se haya considerado que la sexualidad de la mujer tenía una finalidad meramente prohacetiva y de satisfacción del varón explica que, tradicionalmente, el sexo masculino haya utilizado expresiones como pasarse a la mujer por la piedra, llevársela al catre, cepillársela, beneficiársela… o, en Hispanoamérica, bigotear, machetear o medir el aceite. Y es que, “se comprendía que era el hombre quien tomaba la iniciativa y llevaba las riendas”, asegura Antonio Tello.

Curiosamente, el lenguaje de los números es universal. Así, el 69 es una metáfora formal de dos cuerpos superpuestos en sentido contrario practicando el sexo oral. Pero, en lo relativo a términos sexuales, hay diferencias en cada idioma. Y el castellano es uno de los más ricos….

* Hacer el amor: ‘Follar’ viene del latín ‘follis’ -significa fuelle- y se utiliza por la similitud con el movimiento de este utensilio. En la expresión ‘verter un polvo’, el polvo hace alusión al semen, y se comenta ‘verter un casquete’ puesto que el glande semeja el casco del pene. En vasco, se usa ‘larrua jo’ (jugar la piel).

* Vagina: ‘Coño’ procede del latín ‘cunnus’, que significa cuña. Además son comunes ‘conejo’ -eufemismo que nace del parecido fonético entre ‘cunnus’ y ‘cunniculus’-,’chocho’ o ‘chumino’ -dan idea de cosa blanda por la sonoridad de la ‘ch’-, ‘almeja’ -por su similitud con el molusco-, ‘parrús’ -en valenciano- y ‘potorro’ -en vasco-. En Canarias le llaman ‘quiquirien el momento que’.

* Erección: Según el escritor Antonio Tello, se comenta ‘estar empalmado’ puesto que la palma de la mano es una de las cosas que se utilizan para poner erecto el pene. En gallego se comenta ‘ter o carallo teso’. En Vizcaya, ‘altan egon’ (estar de alta) significa ‘estar cachondo’.

* Coito anal: La palabra ’sodomización’ se debe a la ciudad de Sodoma, donde era común esta práctica. Además, se comenta ‘dar por el culo’ -si se es sujeto activo- y ‘tomar por el culo’ -sujeto pasivo-.

* Pene: ‘Polla’ procede del latín ‘pullus’ -cría de cualquier animal-. Existen multitud de metáforas formales, como ‘pito’ -el silbato se asemeja a una verga y dos testículos-, ‘nabo’, ‘cola’… ‘pijo’, ‘picha’ y ‘pilila’ son onomatopeyas de pis. ‘Minga’ viene del latín ‘mingere’ (mear). ‘Pinga’, de pender. Además se llama ‘cipote’ -antiguamente era una porra- puesto que el pene se asemeja a ello.

* Masturbación: ‘Hacerse una paja’ tiene su origen en la acción de sacar la paja -la caña del cereal separada del grano-. ‘Cascársela’ procede del latín ‘quassare’ (sir) y ‘pelársela’ alude a revelar algo oculto. En el País Vasco se habla de ‘kampaia jo’ (tocar la campana). En gallego se comenta ‘facer unha pera’. Y en Hispanoamérica, ‘desarrollarse una manuela’.

* Sexo oral: Además de ‘mamada’ para la felación, para el ‘cunnilingus’ se usa ‘bajarse al pilón’, que es una metáfora formal y funcional de la vulva -se asemeja y se usa como un pilón-. En Argentina se comenta ‘desarrollar una mineta’.

* Orgasmo: Cuando una persona llega al clímax se habla de ‘correrse’ o ‘irse’, puesto que en ese momento hay algo que se va -el semen-, aunque se utiliza en ambos sexos. Además se emplean los términos ‘derramar’ y ‘regar’ para referirse a la eyaculación.

* Semen: ‘Leche’, ‘lefa’ -eufemismo de ‘leche’, por deformación fónica-, ‘pringue’, ’savia’… son metáforas formales, puesto que el esperma se asemeja en su color o textura a estas sustancias. En Hispanoamérica se le llama ‘afrecho’ (cereal molido).

* Testículos: ‘Cojones’ es una voz procedente del latín ‘coleo-onis’, que alude a algo colgante. Además se comenta ‘cojonera’ para referirse al escroto. Además, se les llama ‘huevos’, ‘pelotas’ o ‘bolas’, por su similitud en cuanto a la forma, o ‘cataplines’, que es un eufemismo juguetón.

* Pechos: A las ‘tetas’ -término que al parecer es una haceción expresiva infantil- se las denomina ‘peras’, ‘melones’ o ‘globos’ por el parecido en cuanto a la forma. Además, ‘domingas’ u ‘orejas’, un eufemismo exclusivo de la jerga ‘cheli’ de Madrid que se aplica a los senos puesto que cuelgan.

Vía |  Solo Literatura



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AUTOR: Paula Martínez
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